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Ay, si pudiera, mi amor encontrarte otra vez, en el lugar de siempre, a la hora de siempre. A veces chateábamos y parecía que era la primera vez que hablábamos. Teníamos conversaciones enteras llenas de emoticones en donde yo intuía que él me quería invitar a dormir a su casa pero no se animaba, entonces yo dejaba de responder y a veces me invitaba yo. Aprendí a ser amorosa con los tiempos del otro; eso lo aprendí cuando nos dejamos de ver.

Año nuevo lo pasé con mi familia. Tengo una casa de dos pisos: abajo vive mi abuelo paterno, mi abuela materna, mi tía, su marido, y mi primo. Arriba, mamá, papá, yo y dos caniches. Pasamos año nuevo todos abajo, comimos asado. Ese año el abuelo había sobrevivido a tres operaciones coronarias. Y bailamos un poco, me emborraché pero amigablemente. Después de las 12 crucé a brindar con mi vecina Neli. Prendió la FM y bailamos. Tomamos sidra y comimos pollo con tuco. Le pedí que me tirara las cartas y salió El Diablo. Pregunté por Diego en la tirada, pero Neli me dijo que ese diablo no representaba a Diego sino a su madre.

Enero 2015 fue muy insoportable, como todos los veranos en Capital. Nos seguíamos viendo pero el calor nos tenía fastidiosos. Pasábamos entre dos y tres días juntos. Un jueves fuimos a tomar caipiroskas a un bar de Palermo y no hablamos. Bah, él sí habló y me dijo que iba a empezar a hacer playlists para el nuevo bar de su amigo. Después estuvo toda la tarde con su celular. En el colectivo, de vuelta a su casa me preguntó qué me pasaba y le dije que sentía celos de una chica de su Facebook. Me preguntó el nombre y dije no saberlo.

— Una chica colorada.
— Ah, Julia.
— Sí, Julia. ¿Quién es?
— Una chica amiga.

Se quiso bajar del colectivo, el tráfico estaba muy congestionado, entonces nos bajamos. Y caminamos por avenida Rivadavia a la altura de Río de Janeiro hasta Carabobo, sin hablar. Me dijo que lo estaba poniendo incómodo; yo estaba muerta de calor, de sueño, y de ganas de estar en mi casa. Después me preguntó qué pasaba si iba solamente a tomar una cerveza “de buena onda” con alguna chica que conocía. No cenamos nada hasta las 11 de la noche, porque cuando llegamos a su casa no había luz en su edificio y nos bañamos y nos tiramos en la cama. Hablamos de celos en general y yo le conté algunos miedos, me dijo que no sabía que me pasaba todo eso. Volvió la luz y me hizo un licuado de banana con leche y dijo: “Inauguramos la temporada de licuados”. “Por el bien de ambos, sabés”, dijo, y brindamos.

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